Leyenda del Mármol de Buenache

TOPONIMOS CONQUENSES  pág. 50  HELIODORO CORDENTE

Existe una anécdota referente a Buenache que data del año 1630, recogida en el libro de Anselmo Sanz Serrano titulado “La Catedral de Cuenca”, en la que se refiere que hallándose el Obispo de Cuenca D. Enrique Pimentel planificando el nuevo altar de la compatrona de Cuenca, Nuestra Señora del Sagrario, que, según la tradición, trajo Alfonso VIII en su grupa durante la conquista de Cuenca, y quiso el Obispo que el pavimento de la capilla fuera ornado con riquísimos jaspes que se buscaron de Sevilla, Toledo y otros lejanos lugares cuyo transporte encarecía notablemente el coste de las obras. El día de la Virgen de la O, del año 1630, se determinó poner la primera piedra, acontecimiento que se celebró con grandes fiestas y regocijos.

Este mismo día. Ocurrió un hecho fabuloso, según así refiere una crónica manuscrita de la época:

 

“Sucedió que en un pueblo, a dos leguas de Cuenca, llamado Buenache de la Sierra, yendo un pastorcillo a levantar un canto para tirarlo a su ganado, reparó en su hermosura y no lo quiso tirar, sino que lo llevó consigo al lugar. Allí la gente entendida reconoció que era un finísimo jaspe y, llevados de la curiosidad, fueron al lugar donde el pastorcillo lo había hallado, descubriendo una mina de riquísimos y abundantes jaspes. Dieron aviso a Cuenca; fueron los maestros a reconocer la mina y hallaron que era de quilates más subidos que los que habían traído de Sevilla y Toledo. Y así todos convinieron que María Santísima obraba este prodigio para que la Fábrica de su capilla saliese mucho más hermosa con tanta abundancia de jaspes. Con esta providencial ayuda se aminoró el coste tan considerable y prosiguieron las obras comenzadas con más celeridad porque la mina de jaspes se hallaba a dos leguas de Cuenca. Con ello se hizo toda la capilla, desde el suelo hasta cerrar la clave de la media naranja, sin que faltase el mármol jaspeado.

Después se hizo el altar de Nuestra Señora y pareciéndoles a algunos curiosos que sería bueno ir a registrar la mina de Buenache de la Sierra y traer alguna piedra para que sirviera de frontal en el altar de Nuestra Señora del Sagrario, hallaron una sola piedra, la trasladaron a Cuenca, la aserraron por medio y la sujetaron a pulimento. Pero, al colocarla en el altar mayor hallaron que de la mano del Supremo Artífice salió el jaspe pintado de naturales colores y una imagen del Ilustrísimo Seños Obispo Pimentel. Añaden los documentos de aquella época que dicha imagen está hecha con tanta hermosura y colorido como la podría haber pintado el artista más primoroso. Con mitra azul y cariel colorado, con el rostro hermoseado con los colores naturales que tenía el Obispo Pimentel. Tal era su parecido, que hasta un lunar que tenía su ilustrísima en una mejilla también lo tiene el retrato suyo “que pintó el cielo para memoria y gloria de Don Enrique Pimentel”.

 

(Anselmo Sanz Serrano: “La Catedral de Cuenca”, págs. 92 y 93). Excma. Diputación de cuenca. Año 1959. Según Bermejo, fueron Bernardo Carlos y Gregorio Pastor quienes hallaron la famosa piedra.