Leyenda de la Virgen de los Ángeles

LEYENDA DE LA VIRGEN DE LOS ANGELES

 

 

Cuenta una vieja leyenda que, después de la conquista de la Ciudad de Cuenca por Alfonso VIII, un vecino de Buenache de la Sierra fue de pastor a La Dehesa del Hoyo (no sabemos si con ganado propio o arreglado con algún ganadero de la zona, aunque poco importa eso a nuestra historia).

El ganado andaba a su sabor por aquellos parajes y el pastor se sentía muy solo en aquellos abruptos desiertos.

Cuentan que un día una cabra empezó a comportarse de un modo extraño, apartándose del resto del ganado se iba a unas rocas. Una vez allí se dedicaba a escarbar en el suelo con sus patas o simplemente, se tumbaba en el mismo lugar y pasaba las horas sin moverse. Por mucho que el pastor fue a investigar no halló ningún indicio que le aclarase aquel misterio.

Pasaron los meses y las estaciones hasta que, un día de finales de un caluroso verano, sucedió algo que cambiaría para siempre la vida de aquel hombre sencillo.

El día anterior había caído una tormenta impresionante. Cuando llegó al lugar halló, como siempre, la cabra, pero el espacio estaba algo cambiado: la lluvia había arrastrado la tierra que había removido la cabra, dejando al descubierto un grupo de descarnadas rocas por las cuales se adivinaba más que se veía la lobreguez de una gruta. Sobresaltado, tomando toda clase de precauciones, fue retirando las piedras hasta que el Sol penetró dentro de la cueva. Cuando, por fin, pudo colarse por el agujero el espectáculo lo sorprendió de tal forma que no pudo articular palabra durante largo rato. Calló de rodillas y, dominado por un gran fervor, empezó a rezar una oración.

En medio de la cueva sobre unas piedras, colocadas a modo de altar, había una imagen de La Santísima Virgen que refulgía más que el Sol. Unos extraños seres, que él tomó por Ángeles que estaban allí asistiendo a la madre de Dios, se esfumaron volando por el agujero.

No se sabe que fue del pastor ni cual era su nombre.

En la memoria de las gentes ha quedado que, durante unos años, intentaron traer la imagen al pueblo para mejor poder servirla, y, de hecho, la trajeron, dándose el curioso caso que al día siguiente la imagen había desaparecido de dónde se había quedado la noche anterior. Con gran pesar fueron a la cueva y allí estaba la imagen. Lo intentaron más veces, siempre con el mismo resultado, en cuanto se le perdía la vista, ella sola, se volvía al lugar donde la hallara el pastor. Por ello decidieron ir en romería una vez al año por los días en que fue hallada y desde entonces se ha venido haciendo hasta estos tiempos en que se han perdido muchas de las viejas tradiciones.